EL MIEDO
Un camino angosto se abría ante mí, hacía frío y estaba oscuro. Sólo escuchaba mi respiración y los pasos y gritos de aquel que me perseguía. Corría, corría por aquel camino que siempre era el mismo. No debía de estar muy lejos de mí, pues ya podía ver su sombra y la del hacha que blandía como si fuese una pluma. Caí, recuerdo que caí y la sombra siguió hacia delante. Era mi miedo, yo había dejado de correr, pero él seguía creciendo. Tenía que continuar porque el regresaría aún más fuerte. Un camino...