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jueves, 20 de marzo de 2014

EN EL CIELO, EL DUERO

Detesto la suciedad de las calles,

el pasado que arquea las espaldas de los transeúntes.

Odio el olor acre del duro silencio

que hay en los jardínes de condenadas tumbas.

Y miro al sereno cielo azul,

y quisiera tener alas para huir,

y volar libremente sin señales de stop.

Convertirme en nube, una negra, fuerte, fría...

Luego transformarme en agua

y limpiar las armaduras viejas de seres olvidados.

Quisiera volver a la tierra, ya limpia,

limpia como el cielo tras la tormenta.

Un cielo que se refleje en tu río, Antonio, el Duero.


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