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martes, 26 de febrero de 2013

SARA

Sara se levantó aquella mañana ajena a lo que la vida le traía, cosa que realmente pasa todos los días.
Pensamos que lo controlamos todo, controlamos el tiempo, los horarios, los descansos, las personas, el tráfico... sin embargo no es así. Siempre hay alguna sorpresa en el camino del control. Pueden darte una caricia inesperada, un beso dulce, una bofetada, un tiro en la nuca.
De eso trata este juego, de levantarnos y ver que un día ya no es lo mismo: tus abuelos mueren, tus padres mueren, a veces tus hijos mueren, tus amigos desaparecen, pierdes el trabajo, tu mujer u hombre te engaña, te enfermas, a veces te mueres, otras sigues sufriendo, para luego morirte.
Sara subió a un tren, nunca bajó de él. No sé si se ahorró sufrimiento, pero nada realmente de lo que venía sin avisar tendría mejor final.

3 comentarios:

  1. Todos los trenes tienen la muerte por destino, incluso -o sobre todo- los que nunca parten de la estación.
    Salud-os

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