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miércoles, 11 de abril de 2012

BAJO LA SOMBRA

Pere se levantó eufórico. Habían acabado las clases y tenía el verano por delante. Hacía un calor insoportable, pero no era impedimento para que la fuerza de su juventud le empujara a disfrutar. Era Gavanenc y le encantaba ir con sus amigos hasta la playa corriendo o caminando. Por suerte, esa mañana era domingo y el camino lo hacían en el carro del abuelo. En la playa, corrían hasta el mar, se bañaban y disfrutaban de una brisa maravillosa. A la hora de almorzar, su abuelo les enseñaba cosas tales como aprovechar la sombra del pinar para cocinar y luego disfrutar de una agradable siesta. Cuando despertaban, todavía tumbados escuchaban las aventuras que su abuelo contaba. El abuelo disfrutaba con ello y ellos también. De todas estas historias, la preferida de Pere era la del lunes de Pascua. El abuelo había subido con sus padres a celebrar el Aplec de Bruguers. Como cada año, subieron andando hasta la ermita. Una vez allí, bailaban sardanas y organizaban el almuerzo. A Pere le gustaba esta historia porque allí se habían conocido su abuela Montserrat y su abuelo Joan.
Otra de sus historias preferidas era aquella en la que el abuelo tuvo que volver a casa completamente desnudo desde El Parthenon. Contaba que estando con unos amigos hablando de sus cosas, de una filosofía de vida o algo así, unos jóvenes afines a la Falange, los asaltaron y les quemaron sus ropas. El abuelo decía que esa fue la primera vez que Montserrat lo había visto desnudo y que debió de gustarle mucho porque a los pocos meses se casaron completamente enamorados. La boda se celebró en El Parthenon, a finales de 1934. Fue la primera vez que en España se celebraba una boda naturo-desnudista. Hubo muchísimos invitados y la noticia salió en una revista llama Crónica o algo así. Lástima que esto se acabara, piensa Pere tumbado a la sombra de los pinos, porque hoy con tanta calor mejor les valdría a todos ir desnudos. De pronto se levantó, se quitó el bañador y fue corriendo hacia el mar. Sintió la brisa en su piel y la mirada de su abuelo desde la arena. Se sentía feliz y sabía que su abuelo estaría sonriendo y mirando al cielo.

4 comentarios:

  1. Las vivencias de los mayores es la otra enseñanza, las nuevas tecnologías y las grandes urbes están contribuyendo a la perdida de esos valores.
    Un abrazo.

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  2. Yo no creo que las nuevas ecnologías contribuyan a la pérdida de esos valores, más bien es la educación que cada uno hemos recibido en casa, el respeto a los mayores...
    Besos Airama,

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  3. Hola a los dos,
    Pues habrá que trabajar porque esos valores, esas relaciones, esas enseñanzas sigan existiendo. Sin dejar de caminar con los tiempos, claro.
    Abrazos!

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  4. ¿No crees a tenor de tus letras y parafraseando a Serrat que a los mayores se les aparta después de habernos servido bien? ¿y qué sólo nos acordamos de ellos para hacer de niñeras "gratis"?
    Has conseguido que mi añoranza marinera se haga más fuerte, jeje, pero ya me queda menos.
    Un besote.

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