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martes, 8 de noviembre de 2011

Enseñadme cómo puedo ser participe de una amistad tan sincera


Damón y Pitias un mito sobre la Amistad.
Damón y Pitias habían sido grandes amigos desde la infancia. Confiaban plenamente el uno en el otro, y ambos tenían la completa certeza de que no había nada que no fueran capaces de hacer el uno por el otro. Cierto día el destino les puso a prueba y tuvieron que demostrar la fortaleza y la sinceridad de su lealtad y de su amistad.

Cuenta la mitología que Dionisio, el monarca de Siracusa, se enfureció denodadamente cuando oyó hablar de los discursos que estaba pronunciando Pitias en el foro de la ciudad. El joven estudiante le decía a su público que ningún hombre debería ostentar un poder ilimitado sobre otro, y que los monarcas absolutos no eran más que unos tiranos injustos que no servían más que a sus propios intereses en lugar de servir al pueblo al que debían gobernar. En un arrebato de cólera, Dionisio hizo llamar a Pitias y a su amigo Damón y se dirigió a ellos de la siguiente manera:
- ¿Cómo osas difamar mi nombre y levantar semejantes calumnias sobre mi gobierno entre el pueblo?- Inquirió el rey.

A lo que un sincero y temerario Pitias respondió: -Tan sólo digo la verdad y la difundo entre el pueblo, y no puede existir nada malo en decir la verdad.

- ¿Y dice esa verdad de la que me hablas que los reyes ostentan un poder absoluto e ilimitado con el que someten y exprimen al pueblo con leyes injustas que sólo sirven para afianzar aún más su poder y lograr mayores riquezas?

- Si un gobernante ha llegado al poder sin el consentimiento del pueblo, así lo afirmo.
- Esos argumentos que profieres no pueden ser tenidos por otra cosa más que por un acto de alta traición. –Exclamó Dionisio-. Estás conspirando para derrocarme y tratar de usurparme en el trono. Retráctate ahora mismo de tus palabras o atente a las consecuencias.
- No me retractaré en nada pues eso es lo que pienso.- Contestó Pitias.
- Entonces morirás. Tú mismo te has condenado. Dime entonces, el más obtuso y temerario de los hombres, ¿Tienes algún deseo o última voluntad antes de ejecutar tu pena?
- Sí. Déjame al menos regresar a mi hogar el tiempo suficiente para despedirme de mi esposa y de mis hijos y para dejar en orden los asuntos de mi hacienda, y entonces regresaré a cumplir con mi condena.

El rey empezó a reír de forma nerviosa a grandes carcajadas y sus ojos se inyectaron de furia en un ademán repentino de silencio y cólera contenida.

- ¿Acaso además de ser injusto piensas que soy estúpido? ¿Cómo osas pedirme que te deje salir de Siracusa y regresar a tu hogar? Si lo hiciera jamás regresarías y por tu burla pasaría a la historia como el monarca más estúpido que ha existido sobre la tierra.

- Si no crees en mi palabra os dejaré algo en prenda.

- ¿Qué clase de objeto precioso podrías ofrecerme que tuviera más valor que tu propia vida y que te obligara a regresar para tomar el camino que lleva al reino de Hades? No existe tal cosa en este mundo.

El rey comenzó a reír de nuevo a carcajadas, y sus acólitos le acompañaron como un coro de cerdos hambrientos. Pero en medio de aquella situación tan delirante, Damón, que había permanecido en silencio junto a su amigo, dio un paso al frente y se dirigió al rey con estas palabras ante la perplejidad, la incredulidad, y la sorpresa de todos los presentes:
-Yo seré su prenda -dijo- Permaneceré como prisionero aquí, en Siracusa, hasta que Pitias regrese. Así lo haré por la profunda amistad que nos une como hermanos. Puedes estar seguro de que Pitias regresará mientras me tengas a mí.

Dionisio completamente sorprendido ante aquella intervención inesperada observó a los dos amigos en silencio. –Así sea, si esa es tu voluntad. -dijo finalmente- Pero si estás dispuesto a ocupar el lugar de tu amigo, debes estar dispuesto también a aceptar su sentencia si rompe su promesa. Si Pitias no regresa a Siracusa, morirás en su lugar.

-Cumplirá su promesa -respondió Damón-. No me cabe la menor duda. Los dos amigos se abrazaron con lágrimas en los ojos ante la expectación y la admiración de todos los presentes, y finalmente el rey le concedió el permiso de abandonar Siracusa a Pitias durante un tiempo limitado en el que Damón quedaría encarcelado como prisionero ocupando su lugar.

Habiendo transcurrido ya muchos días tras la partida de Pitias, al ver que éste no regresaba, Dionisio no pudo contener más sus deseos de autosatisfacción y de autocomplacencia y fue a la cárcel para ver si Damón se arrepentía de haber hecho aquel trato y para jactarse de lo estúpido y de lo imbécil que había sido dando su vida tontamente por un amigo que seguro le había traicionado.

-Casi se te ha acabado el tiempo -dijo con sorna el rey de Siracusa-. Será inútil que pidas misericordia. Fuiste un necio al confiar en la promesa de tu amigo. ¿De verdad creíste que sacrificaría su vida por ti o por cualquier otra persona? Nadie haría nunca tal cosa. La amistad no es más que un burdo invento, un sueño inventado por los más avispados para conseguir más fácilmente sus intereses y utilizar a su antojo a los demás hombres para alcanzar sus propios objetivos. Pero esa lección te ha llegado demasiado tarde.- Afirmó con una sonrisa entre dientes, mientras Damón permanecía sereno mirando al horizonte por la ventana de su celda.

-Sólo se ha retrasado -respondió Damón con tranquilidad-. Probablemente los vientos habrán impedido que se haga a la mar, o tal vez haya tenido algún accidente en el camino. Pero si es humanamente posible, llegará a tiempo. Confió tanto en su virtud y su fidelidad como en mi propia existencia.

El rey se quedó perplejo ante la confianza de su prisionero, aún teniendo más en cuenta lo apurado de su situación, por lo que pensó que aquel hombre, aquel miserable no era más que un loco a punto de morir.

-Pronto lo veremos -dijo, sin más el rey.- y dejó a Damón en su celda con la mirada perdida puesta en el horizonte del mar.

Por fin llegó el funesto día. Sacaron a Damón de la cárcel y 1o llevaron ante el verdugo. Dionisio 1o saludó con sonrisa petulante propia de la autosatisfacción del que siente que ha vencido.

-Parece que tu amigo no se ha presentado ¿verdad? –se mofó-. Dime ¿Qué piensas de él ahora?
-Es mi amigo. -contestó Damón-. Y confió plenamente en él, estoy seguro de que si al final no viene es por una causa que supere sus posibilidades y contra la que le sea imposible luchar. Si he de morir hoy moriré sin dudar de la lealtad y la amistad que nos une.

Aún no había terminado de pronunciar estas palabras cuando las puertas se abrieron de golpe y Pitias entró en la sala. Estaba extenuado y herido, el agotamiento casi le impedía hablar. Corrió hacia los brazos de su amigo y ambos se fundieron en un abrazo que pareció contener el tiempo.

-¡Estás a salvo amigo mío! –exclamó mientras las lágrimas se le resbalaban de los ojos y no cesaba de abrazar y de besar a su amigo que a punto había estado de morir.- Gracias sean dadas a los dioses -jadeó-. Parecía que los hados conspiraban en nuestra contra. Nuestro barco naufragó en una tempestad y después unos bandidos nos asaltaron en el camino. Pero en todo momento no cejé en mi empeño por regresar y cumplir mi promesa aún más a sabiendas de que tu vida corría peligro por mi culpa. Gracias a los dioses, pues he llegado a tiempo, aunque sólo sea para despedirme por última vez, cumplí con lo prometido y pude despedirme de mi familia, de mi esposa y de mis hijos, ahora estoy dispuesto a recibir mi condena.

Dionisio escuchó estas palabras lleno de asombro. Sus ojos y su corazón se emocionaron ante las lágrimas incontenibles de los dos amigos que se despedían para siempre. Le resultó imposible resistirse a la demostración de semejante amistad y lealtad. Y entonces se levantó y dijo:

-La sentencia queda revocada. Jamás creí que pudiera existir una amistad con semejante confianza y lealtad. Es más ni tan siquiera creía en la existencia de la amistad sincera, con vuestros actos en cambio, me habéis demostrado lo equivocado que estaba, y lo justo es que seáis recompensados con la libertad. Pero os pido que, a cambio, me hagáis un favor.
Los dos amigos aún con los brazos por encima de los hombros se quedaron perplejos sin saber aún muy bien cómo responder.

-¿Qué favor es ése? –preguntaron al unísono.
El rey se les acercó y los tomó por los hombros mirándole a los ojos con una punzada de honda emoción contenida.

-Enseñadme cómo puedo ser partícipe de una amistad tan sincera.

12 comentarios:

  1. La historia es preciosa, y cada vez más imposible de ver hoy en día, ante la escased de moral y la dominación de los egoistas.

    No me canso de repetirlo en los blogs que visito, la amistad es un sentimiento que solo existe entre los hombres y mujeres buenas, de corazón puro. Y de estos y estas hay muy muy pocos.

    Gracias por traernos una fabula tan educativa. Un beso

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  2. Un gran ejemplo del concepto de amistad, tan "deconstruído" como las tortillas del Bulli, en estos tiempos.
    La mitología, tan presente en mi blog, es una narración certera y antigua de la condición humana que nos recuerda el hecho de que todo está experimentado y vivido, y sólo cambian las circunstancias y la época, aunque estemos en el mismo entorno geográfico heredado de nuestros ancestros. Somos una especie aún muy joven y los atavismos están presentes en nuestras vidas para seguir renovando la experiencia del vivir.
    Un beso.

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  3. Maravillosa historia como esas de los grandes que alguna vez hicieros historias o llenaron páginas de libros siempre eternos... Gracias por compartir

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  4. Sostrato, Jano, Azuzena,
    Estoy con ustedes, este mito de Damón y Pitias es un buenísimo ejemplo de lo que debería ser o es la amistad.
    Gracias por estar aquí, amigos.
    Abrazos

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  5. Lástima que sea un mito, lo más cercano o parecido que yo he visto es la amistad entre los más peques, ¿a qué es una pena que nos hagamos mayores?
    Un besote.

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  6. Ángel Iván,
    Sí, es una pena. Ojalá nunca nos hubieran fallado y pudiéramos ver a los amigos como entonces.
    Abrazos

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  7. Muy bello cuento sobre la amistad, creo que el amor va y viene pero la verdadera amistad (tan díficil de poseer) es el tesoro más grande que puede tener una persona...
    Besitos Airama,

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  8. Hola rosscanaria,
    Estoy de acuerdo contigo, quien tiene un amigo, tiene un tesoro! ;-))

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  9. Hola Airama, ya me he perdido por tu blog, y siento no poder estar más presente en él.
    Y mi blog ya tiene más de 1000 seguidores
    y os doy un premio recordatorio, también podrás escuchar un vídeo con mi voz recitando un poema de mi autoría para una amiga poeta, al que se lo dedico Alma Mateos Taborda.
    Te espero
    Con ternura te dejo un beso
    Sor. Cecilia

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  10. Hola Sor,
    Igual no tengo mucho tiempo de visitarla, pero en esta ocasión estaré presente.
    Gracias y buen fin de semana.
    Abrazo

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  11. Hola,preciosas letras van desnudando lentamente la integral belleza de este puro blog, si te va la palabra elegida, la poesía, te invito al mio,será un placer,es,
    http://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
    gracias, buen día, besos trotamundos...

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  12. don vito andolina,
    Será un placer visitar su blog.
    Gracias por venir,
    Abrazo

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