Me siguen

lunes, 9 de agosto de 2010

Algo que estoy escribiendo últimamente (no está acabado)

22 de diciembre
Me encuentro ante un terrible dilema al que yo mismo he dado lugar. ¿Qué puedo hacer? Es tanto el deseo del que me tira un extremo que no puedo dejar de soñarlo. El otro extremo, sin embargo, me da pavor. Si acepto uno, por bueno, al otro he de temerlo ya que por él lo perdería todo. No me reconozco en los ojos de ella, como ella no pudo reconocerse en los míos. Presa del odio, de la rabia, de los celos más absurdos me obliga a elegir. Me coacciona externamente y no soy libre, no me deja serlo. Y a mi amor, a mi amor la he de proteger. Es tan débil, tan delicada que no ha de tocarla ni el aire. Tantos deseos, tantos sueños y una felicidad truncada una vez tras otra. La quiero tanto que por no verla sufrir haría lo que fuera. Ahora puedo perderla, ante esta idea me vuelvo loco, soy capaz de matar, de acabar con todo por tal de no perderla, por tal de que ella me quiera.
Salí del hospital totalmente encolerizado. La idea de que ella podía morir me convertía en un ser irracional. Corrí por las calles sin rumbo, llegué a perderme, sin embargo, más tarde volví a saber donde me encontraba. Todavía seguía corriendo y el aire que respiraba me helaba la nariz. Comencé a respirar por la boca y fue entonces cuando comenzó a llover. Helado, completamente empapado y totalmente exhausto paré de correr. Miré al frente y vi las puertas de un bar, estaban cerradas, pero en su interior había luz. Al acercarme leí un letrero que me decía que estaba abierto. Entré, el calor que hacia dentro me reconfortó.
-¿Qué le pongo? -me preguntó el camarero.
-Algo que haga olvidar -contesté.
-Un tequila
-Doble
-Aquí tiene.
No puedo recordar cuántos tequilas llegué a beberme. Supongo que la noche debió de pasar muy rápido o al menos es la sensación que conservo. Tengo un vacío que no me permite rememorar nada de aquellas horas. Y pensar en recordarlo me produce náuseas. Nunca antes me había arrepentido tanto de haber hecho algo. Hasta aquel momento, sólo estaba acostumbrado a arrepentirme de lo que no había hecho. Creía que era más fácil porque siempre quedaba la posibilidad de realizar aquella acción. Si no lo hacía, solía ser por vergüenza, miedo o pereza, factores que tampoco me permitían ser libres, aunque esta vez esté hablando de libertad interna. Me odiaba por ello. ¿Cómo era posible que negara mi propia libertad sólo por vergüenza o vagancia?
Me consideraba el dictador de mi propia alma. No obstante, de aquella noche me arrepentiré toda la vida, a pesar de que no recuerdo casi nada.
Cuando abrí los ojos, me encontré con un techo de altas vigas de madera. Me encantan esas casas antiguas. Cuando niño, pasaba todos los sábados en casa de mi abuela paterna. Vivía en un palacete renacentista y las imágenes que conservo son realmente confortables. Era un edificio de tres plantas. Cada planta pertenecía a una familia distinta. Todas tenían el piso alquilado. La tercera planta del palacete era de mi abuela. En ella había vivido junto a mi abuelo hasta que murió repentinamente de un infarto. Además de ellos, ocho hijos crecían entre las paredes de aquella vivienda. Toda la planta giraba alrededor de un patio. De la puerta principal brotaba un pasillo que llevaba, a la derecha, al salón y dormitorio de mis abuelos y, a la izquierda, a la cocina. El resto de las habitaciones se abrazaban por un lado y otro.
Pero ese techo no lo había visto antes. No sabía dónde estaba. Las paredes estaban pintadas en un tono gris marengo que resaltaba con el color blanco de las puertas. No sabía qué hora era y fue entonces cuando la vi.
Me sobresalté al ver que estaba desnudo en una cama que no era la mía y junto a una mujer que tampoco era la mía. Se despertó.
-Hola -dijo ella con una voz suave y sensual.
He de reconocer que era muy guapa. Ojos azules y pelo pelirrojo y ensortijado. Lo llevaba recogido con una cola que le caía sobre el hombro derecho. También estaba desnuda, pero las sábanas me impedían ver el cuerpo con el que había gozado.
-Hola -volvió a repetir. ¿Te ocurre algo? -me preguntó.
-¿Quién eres? -pregunté.
-¿No te acuerdas de mí? Nos conocimos anoche en el bar, me invitaste a unos tequilas. Luego vinimos a mi casa y ya puedes imaginarte el resto.
-¿Nos hemos acostado?
-¿Tú qué crees?
-Contéstame -le grité.
-Sí y acabo de arrepentirme. Será mejor que te vayas.
-No entiendo cómo ha podido pasar. Estoy casado y mi mujer está en el hospital.
-¿Casado?
-Sí
-Vete ya.
-¿Cómo te llamas?
-Soy Rebeca.
-Encantado Rebeca.
-Lo mismo digo.
-Adiós
-Adiós
Me fui de allí corriendo hasta el hospital. No podía creer que hubiera engañado a Helena. Me sentía como un miserable. Estuve una hora delante del hospital. No sabía cómo mirarla. Empecé a fumar, siempre que estoy nervioso lo hago. Empecé con este insano vicio cuando estudiaba en la Facultad. En época de exámenes podía fumarme hasta dos paquetes diarios. Cuando me licencié, reduje mucho este hábito casi a su totalidad. Entonces, sólo fumaba los fines de semana cuando salía a tomar una copa. Cuando acabé el útimo cigarrillo, lo apagué y me decidí a entrar.
Acostada y con la mirada perdida en la ventana, Helena permanecía en silencio. Me quedé en la puerta de la habitación, observándola. Estaba tan tranquila que parecía que no hubiera sucedido nada. No podía dejar de pensar que le había sido infiel y la sola idea de perderla me obsesionaba y aterraba al mismo tiempo. Se volvió, me miró fijamente e intentó sonreirme, pero no pudo. La carga que soportaba no le permitía sentirse contenta ni con ganas de estarlo.
-¿Dónde has estado? -me preguntó.
-Salí a correr y luego he estado en un bar. He bebido mucho y no recuerdo nada más. Me he desorientado totalmente. Esta mañana me he despertado en un banco del parque.
-Ha vuelto a ocurrir.
-No te tortures.
-No sé si...
-Calla, no digas nada.
-El médico ha estado aquí. Pasó esta mañana muy temprano.
-¿Qué te ha dicho?
-Mañana me dará el alta, podré pasar la Navidad en casa.
-Perfecto.
-¿Quieres saber por qué me ocurre? El médico me lo ha explicado.
-¿Por qué? -dije temblando, pero intentado disimular.
-Tengo el cuello del utero dilatado.
-¿Qué significa?
-En mi caso es una anomalía congenita. Mi cuello del utero es insuficiente para acabar el embarazo. Por eso, siempre en el segundo trimestre...
-Tranquila
-Se me rompe la bolsa de aguas sin haber tenido contracciones. El doctor me ha dicho que hay una posibilidad de ...
-No, no lodigas. No quiero volver a verte sufrir así. Podemos adoptar.
-Sabes que es muy lento y no es lo mismo.
-Claro que es lo mismo, será nuestro. Será tuyo y mío.
-Se trata de una intervención quirúrjica.
-¿Una intervención?
-Sí. Se me cerraría el cuello para evitar su dilatación. Así se retendría al bebé hasta que estuviera preparado para nacer.
-Entiendo.
-Se realiza entre las semanas diez y catorce del embarazo.
-No creo que debamos...
-Una vez más, por favor. Es una oportunidad. Ya sé que cuatro veces es mucho dolor, pero quizás la quinta sea la definitiva. Sobre todo porque sabemos lo que nos ocurre y ahora tenemos certeza de acertar.
-Está bien, mi amor. Lo que tú digas. ¿El parto sería normal?
-Sí. El cerclaje, la sutura alrededor del cuello uterino, se corta al término del embarazo y el parto es natural.
-Veo que te lo ha explicado todo.
-Sí. Le he hecho muchas preguntas.
-Bueno, ahora descansa. Has de recuperar fuerzas. Recuerda que mañana volvemos a casa.
-Sí, dormiré un rato. Ven, siéntate a mi lado y dame la mano hasta que me duerma.
-Claro.

16 comentarios:

  1. Hola Airama!! me has dejado de un hilo!!!! muy buena trama... me pregunto qué pasara???...un beso y mis respetos para tí...que bien escribes mujer!!!! :D

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  2. Bueno quede enganchada a ver como sigue,abrazo.

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  3. MarAT,
    Gracias, me alegro que te guste.
    Abrazo

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  4. Hola Fiaris,
    Bueno, una mujer que no puede tener hijos, otra que sí...
    Besos

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  5. Continua hilando la historia, pasaré a ver como termina.

    Besos

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  6. Engancha. Me gusta. ¿Qué extensión quieres darle?
    Un beso

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  7. Josep,
    No lo sé, pero me gustaría que fuera un relato corto. Cómo lo ves?
    Besos

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  8. Me gustó mucho. A ver como sigue!!
    Abrazo. Jabo

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  9. Yo de ti, dejaría fluir tu imaginación sin límites, no coartes la extensión. Como creo que tiene suficiente ritmo y los diálogos son ágiles te puede quedar bien aunque lo extiendas un poco.
    Como no conozco el final, no se si para llegar a él deberás dar algún rodeo más.
    Lo que ya te digo de entrada, y por experiencia propia, la gente que entra a los blogs prefiere leer cosas cortas y te aseguras que te leen, si te extiendes mucho, algunos se quedan con varios conceptos y hacen un comentario por compromiso.
    Un beso

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  10. Josep,
    Vale, te entiendo. A ver cómo acabará, ya te diré.
    Lo de que prefieren leer textos cortos ya lo había notado.
    Gracias,
    Besos

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  11. Muy bien tejida la trama, Airama, y el desarrollo de la misma. La secuencia de los acontecimientos la estructuras de manera que despiertas la atención del lector y su curiosidad aumenta tras cada renglón.
    Me está gustando. Muy bien escrito.
    Y...no te procupes ni por la extensión ni por los lectores; si me lo permites decir, disfruta del placer de escribir que es lo que realmente importa.
    Espero la continuación.
    Un beso.

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  12. Marisa,
    Disfrutar mientras se escribe es maravilloso, esa es la verdad.
    Gracias, amiga.
    Besos

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  13. Hola amiga, me has enganchado, me he quedado con la intriga y espero que no me dejes en vilo mucho tiempo, pero tomate el tiempo que necesites, está muy interesante.
    Un abrazo muy grande y espero ansiosa la próxima entrega.

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  14. Cele,
    Me alegro de que te haya gustado, guapa,
    Gracias
    Un abrazo

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