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viernes, 11 de junio de 2010

Un personaje más en la historia de Manuel






















CELESTE
Tú misma has echado las invitaciones al buzón. Eran nueve, exactamente. No sabes si todos tus invitados acudirán, pero confías en ello. Hace un día horrible. Guardas la bolsa que ha servido de protección a las cartas. Continúa lloviendo. El pañuelo rodea y esconde casi todo tu rostro. Las gafas sobresalen creando un perfil asimétrico, pero más natural que tu propio aspecto. No sabes qué habrías hecho si estuviera luciendo el sol. No te atreves a salir si alguien puede verte. Te sientes mal cuando te observan.
No estás segura de que reacción odias más: la de aquellos que se ríen o la de quienes te miran con cara de lástima.
Aquel día, también llovía. El primer peor día de toda tu vida. Al que después se le sumarían muchos. Volvías de casa de una amiga. Te habías olvidado el paraguas y había comenzado a llover. Estabas muy desarrollada para tu edad. Hacía unos meses, habías tenido tu primera regla y tu cuerpo ya tenía las curvas de la primera juventud. Toda empapada, tu ropa se había ceñido tanto a tus pechos que te cubrías con tus brazos por pudor y vergüenza. En aquel momento, podías despertar los deseos de algún hombre, quizás de un hombre enfermo. De pronto, una mano cubrió tu boca, otra te apretó en la cintura empujándote hasta el portal más cercano. Sacó un cuchillo que acercó a tu cuello y te advirtió. Ya no recuerdas las palabras porque has luchado tanto contra aquellas imágenes que algunas has conseguido borrarlas. Le viste su rostro y un frío paralizante recorrió tu espalda. Sus ojos color ambar estaban llorosos, casi fuera de sus órbitas. Sabías que si no entraba nadie en aquel portal, sucedería algo y eso te ahogaba en un miedo atroz, intensísimo. Te obligó a tumbarte en el suelo, tras la escalera, como si se tratara de dos jovencitos enamorados que se esconden de las miradas de los vecinos que vuelven a casa, pero aquella noche no entró nadie en el portal. Llovía y hacía calor. Una tormenta de verano como la de hoy, día en el que has enviado tus cartas, tu venganza.
Lo habías visto tantas veces en la clase de enfrente que no entendías por qué te estaba haciendo aquello. Siempre te había parecido un chico muy guapo e incluso habías salido con él, sin embargo, tú no eras su tipo. No eras la clase de chica con las que solía salir. No eras guapa, no entendías por qué te estaba haciendo aquello. Te rompió la blusa, rozó tus pechos con su cuchillo haciendo que te estremecieras.
Todo lo que vino después no vas a rememorarlo hoy, estás empapada y cansada. Deseas llegar a casa.

10 comentarios:

  1. Todo lo que vino después se siente desde aquí, cuando se te eriza el vello y se te encoge el alma, al ponerte en la piel de esa niña. Y de otras muchas. Pero claro, somos afortunadas, las que podemos sacudir esa sensación, sin más. Otras no pueden por mucho que lo hagan, por desgracia viven esa pesadilla, hecha realidad.
    Me ha encantado leerte y encontrarte.
    Gracias por venir.
    Besitos

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  2. Hola Mágica,
    Sí, debe ser horrible vivir siempre con algo así. Menos mal que Celeste es solo un personaje.
    Gracias por tus palabras,
    Besos

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  3. He conocido algo de Manuel en la entrada anterior. Imagino que fue quien destrozó la vida de Celeste. Sólo pensar en el momento que vivió esa niña... me estremezco. Me quedo con intriga de a quiénes van dirigidas esas nueve cartas y para qué. Supongo que nos lo dirás en próximas entregas.
    Una entrada triste y desgarradora.
    Un abrazo.

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  4. Acabo de echar un ratito en tu espacio... y voy conociendo a ese Manuel y sus celestes anhelos...

    Saludos y un abrazo.

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  5. Hola Mercedes,
    Claro que os iré contando para quiénes son las cartas y qué ha escrito Celeste en ellas. Manuel no es la única persona que le ha hecho daño.
    Un abrazo

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  6. Hola Hiperión,
    Bienvenido, me alegro de tu visita. Poco a poco os iré contando más cosas de estos y otros personajes.
    Un abrazo

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  7. Lo posterior acontecido se siente sin más que decir... Espero desenlace.
    Besos

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  8. Hola 40ñera,
    Lo sé.
    Perfecto, así espero tu visita.
    Besos

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  9. No volveré a decir lo de la educación de los hijos para que no me metas un sartenazo en la cabeza, jeje. Afortunadamente es un personaje inventado a quien no le hiere ni duele.
    Conozco a una persona que ha vivido esto en sus carnes, nunca mejor dicho, y es lo más terrible que le puede pasar a alguien. Ahora lo tengo claro, todo y reformado, ya no le perdono.
    Besos Airama.

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  10. Hola Josep,
    Siento lo de esa persona que me cuentas, no puedo ni imaginar el calvario que debe ser. Ya sé que es muy difícil perdonar algo así.
    Un beso

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